A la problemática anterior se suma nuestra costumbre de criticar las ideas de los demás, se puede decir, por el sólo hecho de criticar y sin un análisis realmente objetivo. Casi nunca tenemos la actitud de ser positivos con la idea contraria, salvo que sea nuestra o de nuestro jefe o superior. Además, en muchas ocasiones opinamos con el corazón y nos dejamos llevar por nuestros sentimientos y lo peor de esto es que ni cuenta nos damos cuando nos dejamos envolver por las emociones, pues juramos que somos totalmente objetivos. Son estos aspectos los que limitan la efectividad de la reunión, no se llega a resultados adecuados y no sabemos por qué sucede y hasta lo tomamos como parte de una comunicación normal, aunque estos problemas la limiten mucho. Sócrates, por su origen, pertenece al más bajo pueblo: Sócrates fue un plebeyo. Se sabe, puede observarse, cuán feo fue. Mas la fealdad, de suyo una objeción, entre los griegos es poco menos que una refutación. ¿Fue Sócrates de veras un griego? La fealdad es con harta frecuencia la expresión de una evolución trabada, inhibida por cruce de razas. O si no, aparece como evolución descendente. Los criminalistas antropólogos nos dicen que el delincuente típico es feo monstrum in fronte, monstrum in animo. Mas el delincuente es un décadent. ¿Sería Sócrates un delincuente típico? Ciertamente no desmentiría esta hipótesis ese famoso dictamen de un fisónomo que tanto escandalizó a los amigos de Sócrates. Un forastero entendido en fisonomías, de paso en Atenas, le dijo en la cara a Sócrates que era un monstrum, que llevaba en sí todos los malos vicios y apetitos. Y Sócrates se limitó a contestar: “¡Usted me conoce, señor!” Que Sócrates fue un décadent lo sugiere no sólo el admitido desenfreno y anarquía de sus instintos, sino también la superfetación de lo lógico y esa malicia de raquítico que lo caracteriza. No pasemos por alto tampoco esas alucinaciones auditivas que como “demonios de Sócrates” han sido interpretadas en un sentido religioso. Todo en él es exageración, buffo, caricatura; todo en él es al mismo tiempo oculto, solapado, furtivo. Trato de comprender la idiosincrasia de la que deriva esa ecuación socrática: razón igual a virtud igual a felicidad; es la ecuación más bizarra que pueda darse y que en particular está reñida con todos los instintos de los primitivos helenos. Con Sócrates, el gusto griego experimenta un vuelco en favor de la dialéctica; ¿qué significa esto, en definitiva? Significa, sobre todo, la derrota de un gusto aristocrático; con la dialéctica triunfa la plebe. Antes de Sócrates, la buena sociedad repudiaba las maneras dialécticas; éstas eran tenidas por malos modales y comprometían. Se prevenía contra ellas a la juventud. También se desconfiaba respecto a la forma de argumentar. Las cosas decentes, como las personas decentes, no llevan sus razones de esta manera en la mano. No es decoroso mostrar los cinco dedos. Lo que necesita ser probado, poco vale. Donde la autoridad forma todavía parte de las buenas costumbres y no se argumenta, sino se ordena, el dialéctico es una especie de payaso; la gente se ríe de él, no lo toma en serio. Sócrates fue el payaso que se hizo tomar en serio. ¿Qué significa esto, en definitiva? Sólo opta por la dialéctica quien no dispone de otro recurso. Sábese que ella despierta suspicacia; que tiene escaso poder de convicción. Nada hay tan fácil de borrar como el efecto de un dialéctico, según lo prueba la experiencia de cualquier reunión donde se habla. La dialéctica no puede ser más que un recurso de emergencia, en manos de personas que ya no poseen otras armas. Sólo quien tiene que imponer su derecho hace uso de ella. De ahí que los judíos fueran dialécticos, y lo fue el zorro de la fábula. Entonces, ¿lo sería también Sócrates? ¿Sería la ironía de Sócrates una expresión de rebeldía, de resentimiento plebeyo? ¿Goza él acaso, como oprimido, con la ferocidad propia de las cuchilladas del silogismo? ¿Se venga de las clases aristocráticas que fascina? Como dialéctico, uno maneja un instrumento implacable; con él puede dárselas de tirano; triunfando compromete. El dialéctico lleva a su contrincante a una situación donde le corresponde probar que no es un idiota; enfurece y reduce a la impotencia a un tiempo. Despotencia el dialéctico intelectualmente a su contrincante. ¿Será entonces la dialéctica de Sócrates una forma de la venganza? Emerson: Mucho más esclarecido, inquieto, polifacético y refinado que Carlyle; sobre todo, más feliz... Se alimenta instintivamente con ambrosía dejando lo indigesto de las cosas. En comparación con Carlyle, un hombre de buen gusto. Carlyle, quien lo apreciaba mucho, decía de él: “A nosotros no nos da bastante de comer”, observación que acaso sea cierta, pero no en detrimento de Emerson. Tiene éste esa alegría serena, afable y espiritual que desmonta toda seriedad; ignora lo viejo que es y lo joven que será aún; podía haber dicho de sí, repitiendo palabras de Lope de Vega: “Yo me sucedo a mí mismo.” Su espíritu siempre encuentra razones para estar contento y aun agradecido, y a veces roza la alegre y serena trascendencia de ese buen hombre que volvió de una cita de amor tanquam re tiene gesta: “Ut desint vires-dijo agradecido-, tamen est laudanda voluptas.” Anti-Darwin. Por lo que se refiere a la famosa “lucha por la existencia”, me parece, por lo pronto, más sostenida que demostrada. Se da, sí; pero como excepción. El aspecto total de la existencia no es el apremio, el hambre, sino, por el contrario, la riqueza, la abundancia y aun el derroche absurdo; donde se lucha, se lucha por poder... No se debe confundir a Malthus con la Naturaleza. Mas suponiendo que se dé esta lucha-y se da, en efecto-, su desenlace es, por desgracia, justamente el contrario del que desea la escuela darwinista, desfavorable a los fuertes, los privilegiados, los excepcionales. Las especies no progresan en el sentido del perfeccionamiento; una y otra vez los débiles dan cuenta de los fuertes, por ser la abrumadora mayoría y también por ser más inteligentes... Darwin se olvidó del espíritu (¡gesto típicamente inglés!). Los débiles tienen más espíritu... Hay que tener necesidad de espíritu para adquirir espíritu; se pierde si no se le necesita. Quien tiene la fuerza prescinde del espíritu (“¡déjalo!-se piensa ahora en Alemania-; el Reich ha de quedar” ... ). Como se ve, yo entiendo por espíritu la prudencia, la astucia, la paciencia, la simulación, el gran dominio de sí mismo y todo lo que es mimetismo (éste comprende gran parte de la llamada virtud). Casuística de sicólogo. He aquí un conocedor de los hombres; ¿para qué estudia a los hombres? Quiere asegurarse pequeñas o grandes ventajas sobre ellos; ¡es un político! ... Aquel otro también es un conocedor de los hombres y no con fines egoístas. ¡Miradlo más de cerca! ¡Tal vez busque incluso una ventaja más grave: la de sentirse superior a los hombres, tener derecho a mirarlos por encima del hombro, distanciarse de ellos. Este “impersonal” desprecia a los hombres; aquel otro es la más humana de las dos especies, aunque la evidencia parezca demostrar lo contrario, pues, al menos, trata a los hombres en un plano de igualdad, sintiéndose como uno de ellos... El tacto sicológico de los alemanes aparece puesto en tela de juicio por una serie de casos que mi modestia me impide enumerar. En un determinado caso no habrá de faltarme un magno motivo para fundamentar mi tesis: reprocho a los alemanes haberse equivocado con Kant y con la que yo llamo “filosofía de las traspuertas” ; esto ciertamente no fue un dechado de probidad intelectual. Otra cosa que me saca de quicio es el fatal “y”: los alemanes dicen “Goethe y Schiller”; temo que hasta digan “Schiller y Goethe”... ¿Todavía no se sabe quién fue Schiller? No es éste, por cierto, el “y” más grave; yo mismo he oído, en verdad que sólo de labios de profesores de Universidad, “Schopenhauer y Hartmann”... No puedes imaginarte como te hecho de menos... Aquí no tengo a nadie a quien confiar el lado bueno y el malo de mi vida, y esto es para mí una sensación nueva. Por si fuera poco, tampoco simpatizo con ninguno de mis colegas... Acabo de obtener el doctorado, y este hecho supones para mí la confesión más vergonzosa de ignorancia. La profesión de filólogo cada vez se aleja más de cualquier aspiración crítica, fuera de los horizontes del helenismo. Dudo incluso si devendré algún día un auténtico filólogo. Si la casualidad no me ayuda, no lo lograré de ninguna forma. El motivo es que, por desgracia, carezco de modelos, y me veo a mí mismo acercándome a pasos agigantados al abismo de la pedantería... ¡Que no daría yo por vivir juntos los dos!... He dado una conferencia sobre Sócrates y la tragedia que ha provocado un gran revuelo, amén de interpretaciones equivocadas, pero me ha servido para estrechar aún más si cabe los lazos con mis amigos de Tribschen. Espero que mi suerte cambie: hasta Richard Wagner me ha sugerido de la forma más enternecedora el destino que considera más apropiado para mí... Ciencia, arte y filosofía forman un amasijo tan informe en mi interior que puede que algún día engendre monstruos. Convendremos, en qué sentido precisamente ese fenómeno de nuestra vida moderna, y para hablar con propiedad, de la Europa cristiana y su Estado, ante todo la “civilización” romana ahora predomínate en todas partes, descubren la enorme tara que afecta a nuestro mundo: todos nosotros, con todo nuestro pasado, somos culpables, de semejante terror manifestado a la luz del día: de modo que, desde lo alto del sentimiento por nosotros mismos, deberíamos estar muy lejos de querer imputar el crimen de un combate contra la cultura a estos desdichados. Sé lo que quiere decir esto: el combate contra la cultura. La noticia del incendio parisino [se refiere a los episodios de La Comuna y a la noticia falsa y que para esta época él ya debía saber que era falsa del incendio del Louvre] me dejó anonadado durante varios días, me deshacía en lagrimas y dudas: empecé a ver el conjunto de nuestra existencia científica, filosófica y artística como un absurdo, porque un solo día basta para borrar las supremas maravillas quizá de periodos enteros del arte: me aferré con firme convicción al valor metafísico del arte, que no puede existir por culpa de la pobre gente, pero debe cumplir misiones más altas. Pero, a pesar de mi extremo pesar, no estaba en condiciones de arrojar la más mínima piedra a esos profanadores, que, para mí, sólo eran agentes de la culpabilidad universal, ¡sobre la que hay tanto que meditar! Estimado señor consejero privado: espero que no se molestara usted si le digo, con absoluta franqueza, que me asombra no haber escuchado de sus labios la más mínima palabra amable sobre el libro que acabo de publicar [El nacimiento de la tragedia], sobre todo porque se trata de una especie de manifiesto, y desde luego, invita a todo menos al silencio. Probablemente el asombrado será usted, respetado maestro, si continúa leyendo: yo creía que de encontrar usted algo prometedor en su vida sería este libro, prometedor para el conocimiento que tenemos de la Antigüedad, prometedor para el espíritu alemán, aun cuando cierto individuos tuvieran que perecer por ello. En efecto, por mi parte al menos, yo no dejaría de extraer de mis puntos de vista todas las consecuencias prácticas que ellas comprenden, y usted se hará una idea de ello si yo doy aquí conferencias públicas Sobre el porvenir de nuestros establecimientos educativos. Me siento –puede usted creerlo– desprovisto de ambiciones y prudencias personales; y no buscando nada para mí, es para los demás que espero hacer algo. –Lo que más me importa es adueñarme de la joven generación de filólogos, y pensé que sería un pobre signo el que no pudiera conseguirlo. Su silencio, pues, me intranquiliza un poco. No es que haya dudado ni un solo instante de su simpatía por mí, de la cual fui de una vez por todas persuadido, pero precisamente por esa simpatía podría interpretar esto ahora como una especie de recelo personal para conmigo. Es para disiparlo que le escribo
Estar pensando en las musarañas.
Ya hemos visto, en el libro I, cap. IV (pp. 110 138), (cómo se convierte el dinero en capital y más adelante, en el libro I, cap. XXI (pp. 512–524) (reproducción simple), que el valor–capital, aunque desembolsado, no debe considerarse gastado, ya que, después de recorrer las diversas fases de su ciclo, retorna a su punto de partida, enriquecido, además, por la plusvalía. Esto es lo que caracteriza al valor–capital como desembolsado. El tiempo que transcurre entre su punto de partida y su retorno es el tiempo con vistas al cual se desembolsa. Todo el ciclo que recorre el valor–capital, medido por el tiempo que media entre su desembolso y su retorno, constituye su rotación, y la duración de ésta forma un período de rotación. Una vez transcurrido este período, terminado el ciclo, el mismo valor–capital puede iniciar de nuevo el mismo ciclo, y por tanto valorizarse de nuevo, producir nueva plusvalía. Sí el capital variable describe, como en el caso A, diez rotaciones al año, con el mismo desembolso de capital podrá obtenerse diez veces en el transcurso del año la masa de plusvalía que corresponde a un período de rotación. Escorts independientes Madrid Si la reproducción se opera en escala ampliada, la M’ final será mayor que la M’ inicial, por cuya razón la designaremos así: M’’. Escorts España Scrope confunde aquí la diferencia en cuanto a la circulación de determinadas partes del capital circulante que suponen para el capitalista individual los plazos de pago y las condiciones de crédito con las rotaciones que se deducen de la naturaleza del capital. Dice que los salarios deben abonarse semanalmente con los ingresos semanales de las ventas o de las facturas cobradas. http://www.girlsbcn.com.es Por un lado, la verdadera inversión de fuerza de trabajo y medios de trabajo para los trabajos de reparación es algo fortuito, como las circunstancias mismas que hacen necesarias estas reparaciones; el volumen de las reparaciones necesarias se distribuye por partes desiguales entre los distintos períodos de vida del capital fijo. De otro lado, cuando se calcula el tiempo medio de vida del capital fijo, se parte del supuesto de que se halla contantemente en condiciones de funcionar, manteniéndose en este estado en parte mediante su limpieza (en la que se incluye también la limpieza de los locales) y, en parte, mediante las reparaciones, efectuadas con la frecuencia necesaria. La transferencia de valor por el desgaste del capital fijo se calcula a base del período medio de vida de éste, y a su vez este período medio de vida se calcula partiendo del supuesto de que se desembolsa constantemente el capital adicional necesario para mantener aquél en estado de funcionar. Barcelona relax
Marx no se enteró jamás de estas acusaciones de plagio que se le hacían. En su ejemplar del libro Der Emanzipationskampf sólo estaban cortadas por la plegadera las páginas referentes a la Internacional; el resto de la obra hube de abrirlo yo mismo después de su muerte. La revista de Tubinga, ni siquiera llegó a verla. Las Briefe, etc., a R. Meyer las ignoraba igualmente, y cuando yo paré la atención en el pasaje relativo al "saqueo" fue ya en el año 1884 y gracias al propio señor Dr. Meyer. En cambio, Marx conocía la carta núm. 48, porque el señor Meyer había tenido la gentileza de regalarle el original a su hija menor. Marx, a cuyos oídos habían llegado, indudablemente, algunos rumores misteriosos acerca de la pretendida fuente secreta de su crítica, es decir, de Rodbertus, me la enseñó diciéndome que, por fin, esta carta le brindaba un testimonio auténtico acerca de las pretensiones de Rodbertus; que si no pretendía más, esto a él, a Marx, no le preocupaba gran cosa, y que no había tampoco inconveniente en dejarle a Rodbertus la satisfacción de pensar que su exposición era la más breve y la más clara. En realidad, Marx entendía que con esta carta de Rodbertus quedaba liquidado el asunto. madrid Girls Las partes de valor no se distinguen cualitativamente, como tales, unas de otras, fuera del caso en que se presentan como valores de diversos artículos, de objetos concretos, bajo diversas formas útiles y, por tanto, como valores de diversas mercancías, diferencia ésta que no brota de ellas mismas como meras partes de valor. En el dinero desaparecen todas las diferencias entre las mercancías, precisamente porque el dinero es la forma de equivalencia común a todas ellas. Una suma de 500 libras esterlinas está formada por otros tantos elementos de nombre idéntico de 1 libra. Y como en la simple existencia de esta suma de dinero se borran las huellas de sus orígenes y desaparece todo rastro de la diferencia específica que las diversas partes integrantes del capital presentan en el proceso de producción, la diferencia sólo existe bajo la forma conceptual de una suma principal (principal, en inglés) = al capital desembolsado de 422 libras esterlinas y a un excedente de valor de 78 libras. Supongamos que D' sea, por ejemplo = 110 libras esterlinas, de las cuales 100 = D, suma principal, y 10 = Pv, plusvalía. Entre las dos partes integrantes de la suma de 110 libras esterlinas media una identidad absoluta, es decir, una homogeneidad conceptual completa. 10 libras esterlinas, no importa cuáles, representarán siempre 1/11 de la suma total de 110 libras, ya sean 1/l0 de la suma principal desembolsada de 100 libras esterlinas o el excedente de 10 libras que queda después de cubierta aquella suma. La suma principal y la suma accesoria, el capital y la suma adicional, pueden representarse, por tanto, como fracciones de la suma total; en nuestro ejemplo, 10/11 constituyen la suma principal o capital, l/11 la suma adicional. La forma que reviste aquí, al final de su proceso, el capital realizado, en su expresión en dinero es, pues, la expresión indistinta de la relación de capital. girlsvalencia La magnitud absoluta del valor que el transporte añade a las mercancías se halla, siempre y cuando que las demás circunstancias no varíen, en razón inversa a la productividad de la industria del transporte y en razón directa a las distancias que hay que recorrer. Barcelona relax Es una enfermedad la mala conciencia, no hay duda, pero una enfermedad como lo es el embarazo. Busquemos las condiciones en que esta enfermedad ha llegado a su cumbre mas terrible y sublime: ––veremos qué es lo que con esto ha entrado propiamente en el mundo. Mas para ello se necesita tener una respiración amplia, ––y, por lo pronto, hemos de volver de nuevo a un anterior punto de vista. La relación de derecho privado entre el deudor y su acreedor, de la que ya hemos hablado largamente, ha sido introducida una vez más, y ello de una manera que históricamente resulta muy extraña y problemática, en la interpretación de una relación en la cual acaso sea donde más incomprensible nos resulta a nosotros los hombres modernos; a saber, en la relación de los hombres actuales con sus antepasados. Dentro de la originaria comunidad de estirpe ––hablo de los tiempos primitivos–– la generación viviente reconoce siempre, con respecto a la generación anterior y, en especial, con respecto a la más antigua, a la fundadora de la estirpe, una obligación jurídica (y no, en modo alguno, una simple vinculación afectiva: hay incluso razón para negar que esta última existiese en absoluto durante el más largo período de la especie humana). Reina aquí el convencimiento de que la estirpe subsiste gracias tan sólo a los sacrificios y a las obras de los antepasados, –– y que esto hay que pagárselo con sacrificios y con obras: se reconoce así una deuda (Schuld), la cual crece constantemente por el hecho de que esos antepasados, que sobreviven como espíritus poderosos, no dejan de conceder a la estirpe nuevas ventajas y nuevos préstamos salidos de su fuerza. ¿Gratuitamente tal vez? No existe ninguna «gratuidad» para aquellas épocas toscas y «pobres de alma». ¿Qué se puede dar como reintegro a los antepasados? Sacrificios (inicialmente para la alimentación, entendida en el sentido más tosco), fiestas, capillas, homenajes y, sobre todo, obediencia ––pues todos los usos son también, en cuanto obras de los antepasados, preceptos y órdenes de aquéllos––: ¿se les da alguna vez bastante? Esta sospecha permanece y se acrecienta: de tiempo en tiempo impone un gran rescate global, una urgente indemnización al «acreedor» (el tristemente célebre sacrificio del primogénito, por ejemplo, sangre, en todo caso sangre humana). El temor al antepasado y a su poder, la conciencia de tener deudas con él crece por necesidad, según esta especie de lógica, en la exacta medida en que crece el poder de la estirpe misma, en la exacta medida en que ésta es cada vez más victoriosa, más independiente, más venerada, más temida. ¡Y no al revés! Todo paso hacia la atrofia de la estirpe, todas las eventualidades desastrosas, todos los indicios de degeneración, de inminente ruina, hacen disminuir siempre, por el contrario, el temor al espíritu de su fundador y proporcionan una idea cada vez más pequeña de su inteligencia, de su previsión y de la presencia de su poder. Imaginemos que esta tosca especie de lógica ha llegado hasta su final: entonces los antepasados de las estirpes más poderosas tienen que acabar asumiendo necesariamente, gracias a la fantasía propia del creciente temor, proporciones gigantescas y replegarse hasta la oscuridad de una temerosidad e irrepresentabilidad divinas: –– el antepasado acaba necesariamente por ser transfigurado en un dios. ¡Tal vez esté aquí incluso el origen de los dioses, es decir, un origen por temor!... Y si a alguien le pareciese necesario añadir: «¡pero también por piedad!», difícilmente podría tener razón en lo que respecta al período más largo de la especie humana, a su época primigenia. En cambio, tanto más la tendría, sin duda, con respecto a la época media, en la que se forman las estirpes nobles: –– éstas, de hecho, han reintegrado a sus fundadores, a los antepasados (héroes, dioses), con sus intereses correspondientes, todas las cualidades que entre tanto se habían manifestado en ellas mismas, las cualidades nobles. Más tarde echaremos todavía un vistazo al ennoblecimiento y a la aristocratización de los dioses (cosa que no significa, en modo alguno, su «santificación»): ahora bástenos con llevar provisionalmente a su término el curso de toda esta evolución de la conciencia de culpa. Barcelona Azafata En todas las compras y ventas de mercancías –si nos fijamos solamente en estas transacciones–, es de todo punto indiferente lo que pase, en manos del vendedor, con el dinero obtenido por su mercancía y en manos del comprador con los artículos de uso comprados por él. Asimismo es de todo punto indiferente, fijándonos solamente en el proceso de circulación, el hecho de que la fuerza de trabajo comprada por el capitalista reproduzca para él el valor del capital y de que, de otra parte, el dinero conseguido como precio de compra de la fuerza de trabajo constituya la renta del obrero. La magnitud de valor del artículo comercial del obrero, que es su fuerza de trabajo, no resulta afectada ni por el hecho de que constituya una “renta” para él ni por el hecho de que el uso de su artículo comercial por el comprador reproduzca el valor del capital de éste. Acompañantes Tarragona El sistema de crédito, a que se refiere aquí Scrope, al igual que el capital comercial, modifica la rotación con respecto a cada capitalista de por si. Pero en una escala social sólo lo modifica cuando acelera no sólo la producción, sino también el consumo. relax Madrid
El proceso cíclico del capital es, por tanto, la unidad de circulación y producción, la suma de ambas. En cuanto que las dos fases D–M y M'–D' son actos de circulación, la circulación del capital forma parte de la circulación general de mercancías. Pero como secciones funcionalmente determinadas, como fases del ciclo del capital, que no pertenece solamente a la órbita de la circulación, sino también a la órbita de la producción, el capital recorre dentro de la circulación general de mercancías su propio ciclo. La circulación general de mercancías le sirve, en la primera fase, para asumir la forma en que puede funcionar como capital productivo; en la segunda, para desechar la forma de mercancía bajo la cual no puede renovar su ciclo: y, al mismo tiempo, para permitirle separar su propio ciclo de capital de la circulación de la plusvalía con que se ha acrecentado. chica compañia barcelona El alza de valor de los elementos destinados a reponer el capital–mercancías produce el efecto contrario. En este caso, la reproducción ya no se opera con su volumen normal (se trabaja, por ejemplo, menos tiempo), o se hace necesario movilizar un capital–dinero adicional para mantenerla con su volumen anterior (vinculación de capital–dinero) ; o bien el fondo de acumulación en dinero, si existe, sirve en todo o en parte, no para ampliar el proceso de reproducción, sino para mantenerlo en la escala antigua. Esto supone también vinculación de capital–dinero, con la diferencia de que aquí el capital–dinero adicional no procede de fuera, del mercado de dinero, sino de los propios recursos del capitalista industrial. carlabcn.com
Sacar fuerzas de flaqueza.
Como vemos, en la medida en que la necesidad de capital–dinero nace de la duración del período de trabajo, esta necesidad se halla determinada por dos circunstancias. Primera, que el dinero sea la forma que deba revestir todo capital individual (prescindiendo del crédito) para convertirse en capital productivo, como así lo exige la esencia misma de la producción capitalista y de la producción de mercancías, en general. Segunda, la cuantía del desembolso de dinero necesario nace del hecho de que durante largo tiempo se sustraen constantemente a la sociedad fuerza de trabajo y medios de producción sin restituirle durante este tiempo un producto reversible a dinero. La primera circunstancia, la de que el capital que ha de desembolsarse tiene que desembolsarse necesariamente en dinero, se mantiene en pie cualquiera que sea la forma de éste, ya se trate de dinero metálico, de dinero certifico, de signos de valor, etc. A la segunda circunstancia le es indiferente de todo punto el medio monetario o la forma en que se sustraigan a la producción trabajo, medios de producción y medios de vida sin restituir a la circulación un equivalente. www.escortbarcelona.com.es Al final de la semana 51, que suponemos ser el fin del año, aparecen desembolsados del capital II, 150 libras esterlinas, invertidas en la producción de producto aún no terminado. Otra parte de este capital presenta la forma de capital circulante constante –materias primas, etc.–, o sea, una forma bajo la cual puede funcionar como capital productivo en el proceso de producción, Pero hay aún otra parte que aparece bajo la forma de dinero: es, por lo menos, la destinada a pagar los salarios correspondientes al resto del periodo de trabajo (3 semanas), los cuales no se hacen efectivos hasta el final de cada semana. Aunque esta parte del capital, al comienzo del nuevo año y, por tanto, al comienzo de un nuevo ciclo de rotación, no se presenta bajo la forma de capital productivo, sino bajo la forma de capital–dinero, que no le permite actuar directamente en el proceso de producción, se encuentra, sin embargo, al iniciarse la nueva rotación, funcionando dentro del proceso de producción, capital circulante variable, es decir, fuerza de trabajo viva. Este fenómeno se explica por el hecho de que, aunque la fuerza de trabajo se compre y se utilice al comenzar el período de trabajo, digamos por semanas, sólo se paga al final de cada semana. El dinero actúa aquí como medio de pago. Por eso figura, de una parte, como dinero en manos del capitalista, mientras que, de otra parte, la fuerza de trabajo, la mercancía en que se invierte, funciona ya en el proceso de producción, lo cual quiere decir que el mismo valor capital aparece aquí por partida doble. girls bcn cat La necesidad de movilizar rápidamente dinero (por ejemplo, para pagar los gastos fijos, tales como impuestos, rentas, etc.) resuelve el problema vendiendo y enviando al matadero, por ejemplo, el ganado antes de que haya llegado a la edad económica normal, con gran daño y provocando a la postre un alza de los precios de la carne. “La gente que antes se dedicaba a la ganadería principalmente para explotar los pastos de los Midland Counties (17) en verano y en invierno los de los condados del Este... han venido tan a menos a causa de las oscilaciones y las bajas del precio del grano, que se da por satisfecha con poder beneficiarse mediante los altos precios de la manteca y el queso; la primera la llevan semanalmente al mercado para cubrir los gastos corrientes; a cambio del segundo reciben anticipos de un agente que recoge el queso cuando está en condiciones de ser transportado y que es, naturalmente, el que fija el precio. Por esta razón, y puesto que la agricultura se halla regida por los principios de la economía política, las terneras que antes eran enviadas al Sur desde las comarcas lecheras, para su crianza, son sacrificadas ahora en masa, no pocas veces a los ocho o diez días de nacer, en los mataderos de Birmingham, Manchester, Liverpool y otras grandes ciudades de los contornos. En cambio, si se la cebada se hallase libre de impuestos no sólo obtendrían mayores ganancias los arrendatarios de tierras, pudiendo de este modo retener el ganado de cría hasta que creciese y pesase más, sino que además la cebada serviría, en vez de la leche, para que pudiesen criar terneras quienes no tienen vacas, y se evitaría en gran parte... esa espantosa escasez de ganado de cría. Cuando hoy se aconseja a estas gentes modestas que críen las terneras, replican: sabemos perfectamente que el alimentar las crías con leche sería beneficioso, pero en primer lugar, esto nos obliga a invertir dinero que no tenemos y, en segundo lugar, tendríamos que esperar mucho tiempo para recobrar el dinero invertido, mientras que con la manteca y el queso lo reembolsamos inmediatamente” (obra cit., pp. 12 y 13). putes de luxe Una determinada categoría de patronos se reservaba también esta vez, como todas, una serie de privilegios señoriales sobre los niños proletarios. Aludimos a los fabricantes de seda. En 1833 habían vociferado amenazadoramente que "si se les arrebataba la libertad de hacer trabajar a los niños de cualquier edad durante 10 horas diarias cerrarían sus fábricas" (if the liberty of workiang children of any age for 10 hours a day was taken away, it would stop their works). Alegaban que les era imposible adquirir la cantidad suficiente de niños mayores de 13 años. Gracias a esto, arrancaron el ansiado privilegio. Luego, en una investigación ulterior, resultó que el pretexto que se alegaba era una mentira descarada,139 lo cual no impidió que estos patronos se pasaran diez años estrujando seda durante 10 horas diarias de la sangre de unos miles de niños pequeños, a quienes, había que poner de pie encima de una silla para que pudiesen ejecuta su trabajo.140 La ley de 1844, si bien les "arrebataba" la "libertad" de explotar más de 6 horas y medía diarias a los niños menores de 11 años., les concedía en cambio el privilegio de estrujar durante 10 horas al día a los niños mayores de 11 y menores de 13, derogando el deber escolar prescrito para otros niños obreros. Esta vez, el pretexto era que "la delicadeza del tejido exigía una suavidad de dedos que sólo podía conseguirse entrando en la fábrica en edad muy temprana".141 Por la suavidad de sus dedos se llevaba a los niños al matadero, como al ganado en el sur de Rusia por la pelleja y el sebo. Por fin, en 1850 se limitó a los departamentos de torcido y devanado de seda el privilegio concedido por la ley de 1844, si bien aquí, para resarcir un poco al capital por aquel despojo de su "libertad", se elevaba de 10 horas a 10 horas y medía la jornada de trabajo de los niños mayores de 11 años y menores de 13. Pretexto: que "el trabajo, en las fábricas de seda, era más fácil que en las demás fábricas y mucho menos nocivo para la salud".142 Una investigación médica oficial vino a demostrar, andando el tiempo, que ocurría al revés, que "el grado medio de mortalidad en los distritos sederos era extraordinariamente alto, más alto incluso que en los distritos algodoneros de Lancashire respecto a la parte femenina de la población".143 Y a pesar de las protestas de los inspectores de fábrica, protestas que se reiteran cada seis meses, este abuso sigue en pie lo mismo que el primer día.144 videos gratis Sin embargo, este tesón con que los patronos, nuevos Shylocks, se aferraban a la letra de la ley de 1844 en la parte que reglamentaba el trabajo infantil, había de ser el puente para la rebelión abierta y franca contra la reglamentación del trabajo de los "jóvenes y las mujeres" contenida en esta misma ley. Se recordará que esta ley tenía como designio y contenido fundamentales la abolición del "falso sistema de relevos". Pues bien, los patronos abrieron la ofensiva contra ella, declarando sencillamente que aquellos capítulos de la ley de 1844 en que se ponía coto a la posibilidad de usufructuar caprichosamente a los obreros jóvenes y a las obreras, utilizándolos a intervalos cortos de la jornada fabril de 15 horas, según la conveniencia del fabricante, habían sido "relativamente inocuos" (comparatively harmless), mientras la restricción de la jornada se había mantenido en las 12 horas, pero que bajo la vigencia de la ley de las 10 horas representaban una iniquidad (hardship) intolerable.121 En vista de esto, anunciaron a los inspectores, con la mayor frialdad del mundo, que eludirían la letra de la ley y restablecerían por si y ante sí el régimen antiguo.122 Y esto lo hacían, según ellos, en interés de los obreros mal aconsejados, "para poder abonarles jornales más altos". "Es el único plan que permitirá conservar la supremacía industrial de Inglaterra bajo la ley de las diez horas."123 "Tal vez sea un poco difícil descubrir irregularidades bajo el sistema de los relevos, pero, ¿qué significa esto? (what of that ?). ;Es que vamos a considerar como algo secundario el gran interés fabril de esta nación, para ahorrarles algunas pequeñas molestias (some little trouble ) a los inspectores y subinspectores de fábrica?"124 www.girlsmadrid.net Por lo demás, huelga decir que la economía política ha tenido buen cuidado en explotar al servicio de la clase capitalista la tesis de A. Smith según la cual toda la parte del producto neto convertida en capital es absorbida por la clase obrera. Model Cristina La segunda condición esencial que ha de darse para que el poseedor de dinero encuentre en el mercado la fuerza de trabajo como una mercancía, es que su poseedor, no pudiendo vender mercancías en que su trabajo se materialice, se vea obligado a vender como una mercancía su propia fuerza de trabajo, identificada con su corporeidad viva.
La forma general del valor, forma que presenta los productos del trabajo como simples cristalizaciones de trabajo humano indistinto; demuestra por su propia estructura que es la expresión social del mundo de las mercancías. Y revela al mismo tiempo que, dentro de este mundo, es el carácter general y humano del trabajo el que forma su carácter específicamente social. escorts españa “Los salarios –dice J. St. Mill– no encierran fuerza productiva alguna; son el precio de una fuerza productiva; los salarios no impulsan, como el trabajo y a la par con él, la producción de mercancías, como tampoco la impulsa el precio de la maquinaria. Si se pudiera conseguir trabajo sin comprarlo, sobrarían los salarios.”33 Lo que ocurre es que si los obreros pudiesen vivir del aire, no se pagaría por ellos ningún precio. Por tanto, la gratitud del obrero es un límite en sentido matemático, que nunca puede alcanzarse, aunque sí pueda rondarse. Es tendencia constante del capital reducir el precio de la fuerza de trabajo a este nivel nihilista. Un autor del siglo XVIII, que ya hemos tenido ocasión de citar varias veces, el autor del Essay on Trade and Commerce, no hace más que delatar el secreto más íntimo encerrado en el alma del capital inglés cuando dice que la misión histórica de Inglaterra consiste en rebajar los salarios británicos al nivel de los de Francia y Holanda.34 Este autor dice, entre otras cosas, candorosamente: “Pero, como nuestros pobres [término técnico para designar a los obreros] quieren vivir con todo lujo..., su trabajo tiene que resultar, naturalmente, más caro... Basta considerar la masa horrorosa de cosas superfluas (“heap of superfluities”) que consumen los obreros de nuestras manufacturas, tales como aguardiente, ginebra, té, azúcar, frutos extranjeros, cerveza fuerte, tejidos estampados, tabaco y rapé, etc.”35 Este autor anónimo cita el trabajo de un fabricante de Northamptonshire, que, elevando la mirada al cielo, clama: “En Francia, el trabajo es una tercera parte más barato que en Inglaterra, pues los pobres franceses trabajan de firme y gastan lo menos posible en comer y en vestir; su alimento principal consiste en pan, fruta, hierbas, raíces y pescado seco; muy rara vez comen carne, y si el trigo está caro, consumen también muy poco pan.”36 lo cual –añade el ensayista – hay que agregar que la bebida de estos obreros se compone de agua o de otros licores flojos por el estilo, gracias a lo cual viven con una baratura realmente asombrosa... Un estado semejante de cosas muy difícil de conseguir aquí, indudablemente, pero no es algo inasequible, como lo demuestra palmariamente el hecho de que exista tanto en Francia como en Holanda.37 Veinte años más tarde, un fullero norteamericano, el yanqui baronizado Benjamín Thompson (alías Conde de Rumford) adoptaba con gran complacencia, ante Dios y ante el mundo, la misma línea filantrópica. Sus “Ensayos” son una especie de libro de cocina, con recetas de todo género, para sustituir las comidas normales de los obreros por sustitutivos mucho más baratos. He aquí una de las recetas más inspiradas de este maravilloso “filósofo”: “Cinco libras de avena, cinco libras de maíz, 3 peniques de arenque, 1 penique de sal, 1 penique de vinagre, 2 peniques de pimienta y especias; en total 20 3/4 peniques, permiten obtener una sopa para 64 hombres, y con el precio medio del trigo podría incluso reducirse el costo en 1/4 penique (menos de 3 pfennings) por cabeza.”38 Con los progresos de la producción capitalista, la adulteración de los artículos ha venido a hacer inútiles los ideales de Thompson.39 Barcelona acompañantes Fijémonos ahora en la relación de cambio de las mercancías. Parece como sí el valor de cambio en sí fuese algo totalmente independiente de sus valores de uso. Y en efecto, prescindiendo real y verdaderamente del valor de uso de los productos del trabajo, obtendremos el valor tal y como acabamos de definirlo. Aquel algo común que toma cuerpo en la relación de cambio o valor de cambio de la mercancía es, por tanto, su valor. En el curso de nuestra investigación volveremos de nuevo al valor de cambio, como expresión necesaria o forma obligada de manifestarse el valor, que por ahora estudiaremos independientemente de esta forma. Escola lloret El primer lugar, en lo que se refiere a viviendas hacinadas o absolutamente inadecuadas para la habitabilidad humana, lo ocupa Londres. “Dos cosas –dice el Dr. Hunter– son ciertas: la primera es que en Londres hay unas 20 grandes colonias aproximadamente, habitadas cada una de ellas por unas 10,000 personas, cuyo mísero estado supera todo lo que haya podido verse nunca en parte alguna de Inglaterra, por efecto casi exclusivamente de su mala acomodación; la segunda, que el hacinamiento y el estado ruinoso de las casas de estas colonias es mucho peor que hace veinte años.”53 “No exageramos si decimos que la vida, en muchas partes de Londres y Newcastle, es algo infernal.”54 imprenta El límite último o mínimo de¡ valor de la fuerza de trabajo lo señala el valor de aquella masa de mercancías cuyo diario aprovisionamiento es indispensable para el poseedor de la fuerza de trabajo, para el hombre, ya que sin ella no podría renovar su proceso de vida; es decir, el valor de los medios de vida físicamente indispensables. Si el precio de la fuerza es inferior a este mínimo, descenderá por debajo de su valor, ya que, en estas condiciones, sólo podrá mantenerse y desarrollarse de un modo raquítico. Y el valor de toda mercancía depende del tiempo de trabajo necesario para suministrarla en condiciones normales de buena calidad. guia ocio alicante Dada la proporción de valor transferido por la maquinaria al producto, la magnitud de esta parte depende de su propia magnitud de valor.26 Cuanto menos trabajo encierre, menos valor transferirá al producto. Y cuanto menos valor transfiera, más productiva será la máquina, y por tanto, más se acercará su rendimiento al de las fuerzas naturales. La producción de maquinaria mediante maquinaria reduce, en efecto, su valor, en proporción a su volumen y eficacia. restaurantes en girona 95 Esta categoría a que nos referimos sirve de punto característico de apoyo al fraude estadístico, fraude que podría analizarse en detalle, sí interesare; de una parte, la legislación fabril inglesa excluye expresamente de su radio de acción, como elementos que no son obreros fabriles, a éstos que acabamos de enumerar en el texto; de otra parte, los Returns publicados por el parlamento incluyen no menos expresamente en la categoría de obreros fabriles, no sólo a los ingenieros, mecánicos, etc., sino también a los directores de fábricas. viajantes de comercio, comisionistas, vigilantes de almacenes, embaladores, etc.; en una palabra, a todo el personal, con la única excepción del patrono. pisobcn.com 71 Children's employment Commissíon. IV Report 1865, p. 85. Saliendo al paso de otra tierna preocupación semejante de los señores fabricantes de vidrio, quienes alegan que es imposible dar a los niños horas fijas y constantes para comer. pues esto haría que se tradujese en una pura pérdida o se destruyese una determinada cantidad de calor irradiada por los hornos, contesta el comisario investigador White, sin dejarse conmover en lo más mínimo. como los Ure, los Senior, etc., y sus menguados imitadores alemanes del corte de Roscher. por la "prudencia". la "abstinencia" y el "ahorro" de los capitalistas cuando se trata de su dinero, que se convierten en "derroche" verdaderamente orgiástico cuando se trata de vidas humanas: "Puede que, al conceder a los obreros horas fijas y constantes para las comidas, se destruya una determinada cantidad de calor que exceda del límite normal, pero, aun tasándola en dinero, esta pérdida no representa nada si se la compara con la destrucción de energías vitales ('the waste of animal power') que se produce actualmente en nuestro reino por el hecho de que a los niños que trabajan en las fábricas de vidrio y que se hallan en pleno desarrollo no se les deje tiempo ni siquiera para ingerir y digerir cómodamente sus comidas" (L. c., p. XLV). ¡Y esto ocurría en el "progresivo" año de 1865! Aparte del desgaste de fuerzas de alzar y transportar objetos, en las fábricas de botellas y de vidrio denso estos niños tienen que correr de 15 a 20 millas (inglesas) en 6 horas, durante la ejecución de sus trabajos. Trabajos que duran con frecuencia de 14 a 15 horas diarias. En muchas de estas fábricas de cristal rige, como en las hilanderías de Moscú, el sistema de los turnos de 6 horas. "Durante el período de trabajo de la semana, el descanso ininterrumpido más largo es de 6 horas, de las que hay que descontar el tiempo de ir a la fábrica y volver de ella, lavarse, vestirse y comer, operaciones todas que suponen tiempo. Con todo esto, el descanso se reduce a su más mínima expresión. No queda tiempo para jugar ni para respirar aire libre, como no sea a costa de quitárselo al sueño, tan necesario para niños obligados a trabajar de un modo tan duro y en una atmósfera tan calurosa... Y, con ser corto, este sueño se ve interrumpido con frecuencia durante la noche por el nerviosismo, o por el ruido de fuera durante el día." Mr. White cita casos de muchachos que hubieron de trabajar 30 horas seguidas, y otros de niños de 12 años obligados a trabajar hasta las 2 de la mañana, para reanudar el trabajo a las 5, después de dormir 3 horas (!) en la misma fábrica. "La cantidad de trabajo que desarrollan los chicos, las muchachas y las mujeres al cabo de su jornada (spell of labour) díurna o nocturna, es fabulosa", dicen los redactores del informe general, Tremenheere y Tufnell (L. cit., pp. XLIII y XLIV). Y mientras ocurren estas cosas, el capitalista fabricante de vidrio, tan "ahorrativo",vuelve tal vez del club a su casa dando traspiés, un poco marcado por el vino de Oporto y tarareando mecánicamente la canción: Britons never, never shall be slaves! (58)
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